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¿Dónde están los 20 años de
experiencia?
Eduardo
Saleh, Psicólogo Organizacional
Las
empresas suelen prometer a sus clientes que tienen una
valiosa experiencia, digamos de 20 años, que respaldan
los productos y servicios que ofrecen. En la evaluación
económica que se hace de la oferta de la empresa, se
deberían ponderar estos años de experiencia. Pero el
gran desafío consiste en materializar todo ese
conocimiento y que se refleje en forma efectiva en la
entrega del producto o servicio, cosa que no siempre
ocurre. Si se trata de una empresa constructora, se
vuelven a cometer los errores una y otra vez, si se
trata de una empresa de productos tangibles, los errores
en la fabricación suelen ser repetitivos. ¿Cómo asegurar
que la experiencia de las empresas se convierta en una
verdadera herramienta estratégica? Le sugiero que tenga
en cuenta las siguientes ideas para enfrentar este
problema.
En primer
lugar necesita un sistema de registro simple y efectivo
para dejar escrita la experiencia. Seguro que ya habrá
notado que lo que no está escrito se lo lleva el
viento…Es imprescindible que las personas puedan
consultar desde una base de datos la experiencia
relevante cuando se ven enfrentadas a un problema propio
del negocio. En esto la tecnología puede ayudar
bastante, proveyendo las bases de datos y el respaldo
electrónico de todo el sistema, pero el diseño de los
procedimientos y su puesta en marcha trasciende
claramente el área de informática.
En segundo
lugar le recomiendo que convierta la experiencia en algo
tangible, vinculándola con las tareas, procesos y
resultados que se espera de los distintos cargos dentro
de la empresa. Las tareas se refieren a la forma de
ejecutarlas en la práctica, por ejemplo cómo redactar
una memoria técnica o cómo reparar un equipo. La
información útil respecto de los procesos puede incluir
desde cómo diagnosticar si el proceso está funcionando
bien hasta ejemplos de los errores más comunes en su
ejecución. También se puede agrupar la experiencia sobre
la base de los resultados esperados de un cargo, por
ejemplo, acerca de la elaboración de un presupuesto. En
este caso, el interesado podría consultar por los
indicadores que se utilizan para medir el logro de los
objetivos del trabajo, experiencias exitosas o
situaciones especiales que se han producido antes para
alcanzar estos resultados. Siguiendo con el ejemplo, el
Jefe de Ventas que está elaborando un presupuesto podría
consultar las variables más relevantes al predecir el
comportamiento de la competencia en cuanto a las
promociones durante el próximo año.
Si es que su
empresa tiene o está en vías de tener un programa de
aseguramiento de calidad o de certificación, aproveche
la redacción de los procedimientos dentro de su empresa
para hacer sinergia con el proceso de administración del
conocimiento. En la práctica, puede incorporar como un
procedimiento más el de la recopilación y
aprovechamiento de la experiencia. La instalación de los
programas de calidad en la empresa requiere de un cambio
de cultura corporativa que no es fácil. En otras
palabras, no tiene asegurado que funcione el programa si
es que lo incluye dentro del programa de calidad, pero
sí le puede servir para aunar esfuerzos y hacerlos
converger en el propósito de aprovechar el conocimiento
de la empresa.
Una vez que
tiene el sistema de administración del conocimiento
diseñado en forma simple y efectiva, es imprescindible
capacitar a todo el personal en su utilización. La
metodología más apropiada para esto es el entrenamiento
en el mismo puesto de trabajo, que consiste en que los
propios supervisores le ayudan a sus supervisados a
ejemplificar respecto del uso del nuevo sistema con
aspectos de su propio trabajo. Mientras más personas
hagan participar en el proceso de diseño más fácil le
resultará después esta etapa de implementación. Claro
que cuando se trata de organizaciones grandes esto puede
ayudar fundamentalmente para involucrar a los líderes de
ciertas áreas claves, más que para difundirlo en forma
masiva.
Finalmente, este nuevo sistema puede
funcionar sólo si es que los líderes de su empresa
predican con el ejemplo. Esto es esencial en cualquier
proceso de cambio, y más aún en uno como éste que está
relacionado con hábitos de las personas. Por ejemplo, el
Gerente de Operaciones de una empresa, hombre de mucha
experiencia y antigüedad, tiene la costumbre de anotar
en su cuaderno personal sus propios aprendizajes. Lo
mantiene siempre consigo durante todo un período,
habitualmente por un semestre, hasta que se le acaba y
abre otro cuaderno. Todo el mundo conoce su
procedimiento, así es que si la empresa va a comenzar a
registrar la experiencia relevante en una base de datos
centralizada en lugar de los registros personales, uno
de los objetivos estratégicos del proceso de cambio será
cambiar el hábito del Gerente de Operaciones para que
sirva de ejemplo a todo su equipo, y sea un permanente
reforzador de esta nueva práctica de gestión.
En resumen, para convertir los años de
experiencia de su empresa en una verdadera ventaja ante
el mercado, es necesario un esfuerzo deliberado y
sistemático para transformar los años de experiencia en
información relevante para la toma de decisiones.

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