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Liderazgo


Con todas las transformaciones que están ocurriendo en nuestra sociedad, uno podría tender a pensar que los líderes deberían hacer cosas completamente diferentes a lo que hacían antes. Creo que eso es así en parte, porque los problemas específicos, la tecnología y las situaciones han cambiado muchísimo. Pero hay algunos desafíos de fondo siguen siendo los mismos. El rol del líder para marcar el camino del equipo, la soledad de los líderes, y las habilidades de comunicación de los que conducen el cambio siguen siendo las mismas.

Los líderes son los que marcan el camino, tiran la carreta, no son conducidos por la inercia ni por el camino habitual. Cuando Winston Churchill marcó el camino de la resistencia y la no claudicación ante Hitler, tomó una decisión, hizo una elección, prefirió seguir un camino difícil, casi suicida en la opinión de varios de sus colegas, pero marcó el camino. Eligió pelear por lo que creía era lo mejor. Finalmente triunfó y salió victorioso, pero si hubiese fracasado igual habría cumplido con su rol de líder. No espero el éxito para comprometerse con el resultado, se comprometió primero y luego buscó el resultado que quería. ¡Qué patético resulta comparar ese liderazgo con lo que se puede observar en varios ámbitos de nuestra sociedad actual!

En las empresas, este liderazgo es imprescindible para afrontar los cambios rápidos y profundos que estamos viviendo. Cuando un negocio es golpeado brutalmente como lo han sido los sectores del turismo y gastronomía por la pandemia del Covid19, por ejemplo, los líderes marcan la diferencia entre la subsistencia o la quiebra. Cuando un negocio es exitoso, probablemente se nota menos ese rol del liderazgo, pero sigue siendo igual de importante. El éxito pasado es historia, por ejemplo, nada asegura que Apple va a seguir siendo un gigante tecnológico por siempre. Lo que le pasa hoy a Ford y General Motors con Tesla es un testimonio dramático de esta realidad.

El precio del líder por marcar el camino es la soledad. Como el éxito es incierto, lo más común es que a las personas que marcan un camino nuevo, difícil y lleno de obstáculos, les cuesten encontrar a un copiloto. Es bastante humano y lógico, si no me gusta el riesgo, voy a preferir el camino seguro. Así es que los líderes necesitan una fortaleza interior, una seguridad en sí mismos que les permita afrontar este impacto. La soledad es dura, porque va a dejar al líder bajo la amenaza del “yo te lo dije”. Si es que fracasa la iniciativa, más de alguien le dirá al líder que se lo advirtió, que no debió correr ese riesgo y era mejor rendirse al pensamiento de la mayoría.

Las redes sociales tienen un efecto multiplicador de este fenómeno. Como las personas pueden dar rienda suelta a sus opiniones a través de sus posteos, sin mediar filtro ni afrontar consecuencias relevantes, las personas han encontrado en estas redes un mecanismo de desahogo y expresión de sus frustraciones de todo tipo. Así es que si una persona quiere liderar un cambio en una empresa, va a tener que estar dispuesto a recibir comentarios negativos, e incluso hasta amenazantes, por sus intentos de liderar. En mi opinión, los que pretenden liderar obteniendo puros “likes” están contradiciendo un aspecto esencial del liderazgo.

En este contexto, las habilidades de comunicación de un líder siguen siendo cruciales, al igual que siglos atrás. La capacidad para comunicar hábilmente sus ideas, de influir en las personas y