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Un mundo de acuerdos

  • Foto del escritor: Adistra News
    Adistra News
  • 22 feb
  • 4 Min. de lectura

Piense por un momento en todos los conflictos que tiene actualmente, ya sean explícitos, o sea de los que ya ha hablado con el o los otros involucrados, o bien implícitos, esos de los que aún no se atreve a hablar. ¿Se imagina cómo sería su vida si es que pudiese llegar a acuerdos razonables en todos esos conflictos? La negociación es una forma de llegar a esos acuerdos razonables, es ese tipo de soluciones que dejan a las dos o más partes tranquilas y que, al mismo tiempo, crean valor para todos. Existen metodologías para hacerlo y también expertos que lo pueden ayudar. ¿Por qué, entonces, no resolvemos de esa manera nuestros conflictos, en lugar de posponer, evadir o pelear eternamente con los demás?

 

El ámbito de los conflictos incluye desde dos personas, como en una situación de pareja, hasta muchas personas, como los conflictos en el trabajo, entre las organizaciones y entre los países. Los escenarios y los recursos involucrados suelen ser distintos, así como el número y diversidad de los actores involucrados. Pero la dinámica del conflicto sigue siendo la misma desde hace siglos, por lo que pareciera que tiene que ver con nuestra naturaleza humana.

 

Lo primero es reconocer que los conflictos son buenos y malos al mismo tiempo. Lo bueno es que generan preguntas, revisiones, cuestionan lo que uno cree o ha estado haciendo por un buen tiempo y, tal vez lo más importante, nos recuerdan que las cosas y situaciones tienen muchas aristas y perspectivas desde las cuales se les puede apreciar. Pero lo malo es que pueden generar sentimientos negativos y fuertes, como odio, rencor y resentimiento que dañan las relaciones personales y hacen que las personas se alejen o se incomuniquen, lo que disminuye a su vez las posibilidades de resolver el conflicto de manera razonable.

 

Así es que, aceptando que son inevitables, está en nuestras manos intentar resolverlos de manera adecuada. Parta por describir lo que está pasando con la mayor cantidad de datos e información precisa que pueda obtener. Evite evaluar en un primer momento, concentrándose en los hechos, recopilando fechas, filtrando las conductas reales y concretas de las suposiciones e interpretaciones sesgadas. Recuerde que las palabras tienen un significado denotativo, que es lo dice el diccionario, del significado connotativo, que incluyen los sentimientos que reflejan las palabras que se dijeron y los significados asociados a lo que le ha pasado antes a las personas. Por ejemplo, cuando la mamá le dice a su hija adolescente: “Uuff, ya estás de nuevo dejando tus tareas del colegio para el último minuto”, hay varios significados implícitos más allá de las palabras literales. El tono de la mamá es de recriminación o queja, le está diciendo que esto ya ha ocurrido antes. También implica que la planificación y el trabajo anticipado es algo que valora. Si coincide con que la mamá se había quejado una hora atrás de que su hija tenía la pieza muy desordenada, el ambiente está listo para que estalle el conflicto.

 

Cuando recopile información, recuerde identificar tanto los hechos objetivos como los sentimientos de todos los involucrados en la situación. Sin abordar ambas cosas a la vez es difícil lograr buenos resultados, así es que tómese el tiempo necesario para recabar información hasta que tenga un grado razonable de seguridad de tener todo lo relevante para el análisis. Imagine que está completando un estante con varios cubos, en algunos tiene claridad de lo que contiene, en otros está un poco borroso y otros cubos están vacíos. Antes de intentar resolver el conflicto, asegúrese de completar o saber qué es lo que hay en cada cubo.

 

Con toda esa información, defina lo que le gustaría idealmente conseguir, sin importar que le parezca realista. Al hacerlo, podrá tener claras sus propias expectativas de la solución y a dónde quiere llegar, incluyendo sus sentimientos y motivaciones. Después de sincerar su propia realidad podrá definir una estrategia realista para enfrentar el conflicto, definiendo lo que es imprescindible para Ud. y lo que está dispuesto a ceder.

 

Todas las sugerencias hasta ahora son para prepararse antes de buscar una solución. Después de una buena planificación, viene una etapa clave: acercarse a la otra parte y avanzar a una solución. El manejo de esta etapa es crucial para conseguir lo que espera, por lo que se requiere mucha habilidad de comunicación, que incluye desde elegir el momento y el lugar hasta las palabras que utilizará en la conversación.

 

Para una conversación difícil, es recomendable partir con los propios sentimientos y con un lenguaje basado en la propia persona, habitualmente llamado lenguaje “yo”, más que con afirmaciones que culpen al otro o lo califiquen, evitando caer en un espiral de defensa y ataque verbal que puede descarrilar el proceso.

 

Y cuando llega el momento de hablar de soluciones, lo ideal es construir soluciones focalizadas en resolver el problema más que en darle la razón a una de las partes, siempre focalizadas el terreno común.

 

 

 

 

Eduardo Saleh Sabat

Psicólogo Organizacional

Marzo 2026

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