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Productividad Personal

  • Foto del escritor: Adistra News
    Adistra News
  • hace 4 horas
  • 3 Min. de lectura

La productividad personal es algo que muchas personas quieren conseguir. Utilizando distintas técnicas, unos más sistemáticamente, otros de una manera más espontánea y poco estructurada, pero a todos les gustaría tener más tiempo o que les rinda más el que tienen. Es ahí donde la buena gestión del tiempo se convierte en una poderosa herramienta para lograr las metas personales y profesionales.

 

¿Qué hacen distinto las personas que consiguen niveles excepcionales de productividad?


Lo primero es que establecen metas personales y profesionales con claridad. Son metas específicas, medibles y observables, que no cambian en mucho tiempo, la mayoría de las veces hasta que las alcanzan. El hecho de colocarse metas requiere de coraje, porque al hacerlo nos comprometemos a conseguir algo que, si no lo logramos, va a frustrarnos y podría desmotivarnos. Además, vamos a tener que reconocer en nuestro entorno familiar, social y de trabajo que no pudimos alcanzar lo que nos propusimos, y eso significa humildad y aceptación.

 

Por lo mismo, el establecer metas genera presión en la persona, ya que las metas bien establecidas conllevan plazos de cumplimiento, mediciones para saber en qué grado se están alcanzando, inversión de tiempo, esfuerzo, energía y mucha paciencia. Probablemente esto es lo que hace que muchas personas abandonen a medio camino el intento, aduciendo que no vale la pena estresarse, que no tienen tiempo o que después lo harán.

 

En tercer lugar, cualquier intento de mejorar la gestión de su tiempo y productividad requieren de mecanismos de controlar el tiempo, desde vigilar la hora del día hasta programar los días y semanas en función de los objetivos. Si es que utiliza su agenda para programar las tareas, es importante que asuma el hábito de revisarlas al menos dos veces al día, para asegurarse de que está haciendo lo que contribuye a su meta del día. Las formas de controlar el paso del tiempo deberían ser simples, pero requieren de disciplina. No importa tanto la forma en el decida controlar el tiempo como la rutina de hacerlo permanentemente.

 

A partir de sus registros, el siguiente paso es analizar las causas de las desviaciones. La procrastinación, que consiste en postergar o aplazar la ejecución de las tareas importantes, habitualmente se relaciona con el temor o la ansiedad que produce esa tarea. La frase típica que denota esto es: “No sé por dónde empezar”, lo que con frecuencia conduce a la persona a evadir lo que hay que hacer y en su lugar dedicarse a cosas irrelevantes para el cumplimiento de la meta. El conocimiento personal en ese momento es clave para encontrar la verdadera causa o qué es lo produce esa ansiedad o temor. Podría ser que el temor de no poder hacerlo sea en realidad un temor al fracaso; que la persona percibe que el esfuerzo es muy grande o complejo para hacerlo ahora; o bien que el problema no lo entiende y no sabe cómo abordarlo.

 

A partir de este análisis se deberían generar los planes de acción. De nuevo, se trata de planes simples y realizables. Por ejemplo, una abogada detecta que en las mañanas nunca tiene tiempo para analizar las metas del día. Al llegar a su oficina, tiene una reunión de coordinación con su jefe y el resto del equipo para definir las tareas pendientes, que suelen ser urgencias. De ahí para adelante, el día se le pasa entre audiencias, reuniones con clientes y preparación de informes. En este caso hipotético, un plan de acción sería dejarse un tiempo en la tarde o buscar un horario en el que sea realista contar con 20 minutos para analizar y fijar los objetivos para el día o semana siguiente. Lo recomendable es que se convierta en una rutina o hábito.

 

Al diseñar y poner en práctica estos planes, tenga en cuenta su cuidado personal. Una persona que pasa todo el día estresado va a producir menos, va a tener más riesgo de problemas de salud y tal vez termine “desconectándose” de su trabajo, lo que se llama la renuncia silenciosa como mecanismo psicológico de defensa. Los síntomas son el que ya no siente el mismo entusiasmo por su trabajo y por ende comienza a hacer las tareas sin mucho sentido, sólo cumpliendo lo que se le encomienda. Dentro de sus planes considere sus objetivos personales, como cultivar su vida familiar, disfrutar de un hobby, practicar un deporte o destinar tiempo a una organización social.

 

Recuerde que el tiempo es vida, es el único recurso que no se puede ni comprar ni ahorrar, por lo que su buena gestión es sinónimo de una mejor calidad de vida.

 


Eduardo Saleh Sabat

Psicólogo Organizacional

Mayo 2026

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