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Salud Mental y Autocuidado


Para llegar a la hora, primero tengo que llegar: Es lo que pienso cuando voy en el auto apurado por llegar a una reunión. Antes de seguir apretando el acelerador recuerdo que lo primero es mantenerme con vida y luego puedo llegar a la hora. Stephen Covey, un destacado consultor organizacional, escribió hace años su clásico libro: Los 7 hábitos de la gente altamente exitosa, incluyendo su famosa frase de “Afilar la sierra” como el séptimo hábito de darse el tiempo de cuidarse y desarrollar las propias habilidades.


Para mantener nuestra salud mental y cuidarnos, lo primero que te sugiero es darte cuenta de que es importante tu propio bienestar, porque sin bienestar es difícil logarlo alguna meta. La salud mental es parte de la salud física, qué duda cabe, incluso se relacionan de manera muy evidente en los síntomas psico somáticos: úlceras por estrés, jaquecas, dolores musculares de cuello y espalda. Si la toma de conciencia es sólo un pensamiento o un remordimiento, no tiene mucho impacto en tu bienestar e incluso puede producirte más estrés.


A partir de ese darse cuenta, se deberían generar acciones concretas para superar la situación, lo que genera el segundo desafío: vencer la inercia. Al igual que para mover una locomotora, se necesita mucha energía para iniciar el movimiento, mientras más pesado el objeto más energía se requiere. En el caso de las patologías mentales más severas, la falta de conciencia de la enfermedad es un síntoma en sí mismo del trastorno, o sea, es más severa la enfermedad cuando la persona ni siquiera reconoce estar enferma. Un ejemplo es la persona que dice: “Mañana empiezo la dieta”, mientras saborea un pernil de cerdo con papas fritas.


La inercia inicial requiere fuerza y voluntad, que es lo mismo que la primera marcha del motor de un auto, en que no anda muy fuerte sino más bien tiene mucho torque, es decir, poca velocidad y harta fuerza. El primer paso que tenemos que dar para comenzar la recuperación de nuestro bienestar y salud mental necesita fuerza para vencer la natural inercia que tenemos para comenzar un cambio.


En tercer lugar, te sugiero establecer cuál es el nivel de estrés o problema que tienes en este momento, que puede ir desde un leve indicio de agotamiento hasta una patología grave que requiere de atención psiquiátrica. Los indicadores más comunes en el trabajo tienen que ver con el manejo del estrés, por ejemplo: ¿Tengo la sensación de que no estoy rindiendo lo que realmente puedo rendir? ¿Cuándo me despierto siento como llevara una pesada carga y no tengo ni siquiera ganas de levantarme? ¿Estoy mucho más irritable que lo que suelo estar? ¿Me cuesta mucho concentrarme? Todos estos son síntomas de estrés excesivo o tal vez de otras complicaciones de salud.


Si es que los síntomas sugieren que la situación es manejable sin la ayuda de un especialista, lo siguiente que te recomiendo es analizar las situaciones que impactan tu bienestar emocional, tanto en el ámbito personal como en el del trabajo. Toma por lo menos tres indicadores o conductas, por ejemplo; ganas de trabajar en la mañana, me levanto con ganas versus hoy día que no me levanto con ganas. Un segundo ejemplo de conducta podría ser que se me hacen las horas eternas, lo que quiere decir que voy contra la corriente, es como andar en el automóvil con el freno de mano puesto. Un tercer indicador podría ser que cuando estoy realizando una tarea me cuesta muchísimo concentrarme. La concentración o focalización es una parte importante de una mente sana.


Ten en cuenta que las situaciones no son las estresantes en sí mismas, sino que es la forma como reaccionamos a ellas. Por ejemplo, la forma en la que me pide mi jefe las cosas me produce incomodidad porque lo hace de manera muy directiva o autoritaria. La percepción de autoritaria es algo que yo interpreto, por lo que el problema está más en mí que en la otra persona. Una posible solución es conversar con mi jefe para describirle mi reacción ante las expresiones o actitudes que me causan la molestia, intentando llegar a un acuerdo que sea factible para ambos. Esto puede parecer fácil de resolver, pero los hábitos y formas de comunicación están muy arraigados en las personas y, en la práctica diaria, puede resultar muy lento y difícil. Se requiere tiempo y paciencia para lograr este tipo de cambios.


Finalmente, con toda esta información ya podrías hacer un plan de acción. Ojalá que lo puedas escribir de tal manera que lo puedas controlar periódicamente. Basta con revisarlo una vez a la semana y colocarse metas sencillas y graduales. Este tipo de mejoras son difíciles de lograr y toman tiempo, así es que no te sugiero un plan de 10 días, más bien piensa en un semestre o un año. Lo importante es que avances, sin importar cuánto te demore. Por ejemplo, si te pones como meta no enganchar emocionalmente con los comentarios irónicos de un compañero de trabajo, no esperes cambiar tu reacción a la primera. Puedes partir por identificar la ironía cuando la escuchas, pensando simplemente: “Esto es una ironía”. Luego, como segundo paso, puedes identificar tu propia reacción emocional ante la ironía cada vez que ocurre. Cuando la identificas y logras pensar en ese mismo momento, podrías comenzar a practicar una reacción emocional más neutra ante la ironía.




Eduardo Saleh Sabat

Psicólogo Organizacional


Marzo 2022



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